Hay momentos en la vida cristiana que se sienten como un desierto: silencio, espera, límites, pruebas, incertidumbre. Y aunque nadie los busca voluntariamente, la Biblia muestra que Dios usa esos tiempos con un propósito profundo.
Los desiertos no son una casualidad, sino muchas veces un trato de Dios para formar carácter, purificar motivaciones y llevarnos a una dependencia real de Él.

Moisés vivió un proceso marcado por el desierto.
La Biblia muestra que, al comienzo, Moisés “se la creyó”: pensó que Dios lo iba a usar a su manera, actuó en sus fuerzas, mató al egipcio y quiso mediar entre dos hebreos. Pero ese impulso humano no era el camino de Dios.
Entonces Moisés huyó al desierto… y Dios lo trató allí durante cuarenta años, hasta quebrantar su autosuficiencia y prepararlo para una obra que solo podía hacerse en dependencia del Señor.
Luego de ese proceso, Moisés volvió distinto:
- más humilde,
- más quebrantado,
- más consciente de Dios,
- más obediente a su llamado.
Los desiertos son necesarios en la vida cristiana porque producen transformaciones que no se logran en la comodidad:
- Quebrantan la autosuficiencia y nos enseñan a confiar en Dios.
- Purifican motivaciones, separando lo superficial de lo verdadero.
- Forman dependencia, para decidir y vivir “de rodillas”, con el Señor primero.
- Preparan para el propósito, porque Dios no solo nos llama: también nos forma.
En el desierto, sí o sí me encuentro con Dios: porque Él tiene un propósito y, muchas veces, es la única salida.
Si hoy estás atravesando una crisis, un tiempo de sequedad o un “desierto” espiritual, este mensaje puede darte dirección, ánimo y perspectiva bíblica.
Mirá y escuchá el mensaje completo “Las crisis de la vida cristiana” en nuestro canal de YouTube:
Dios no desperdicia los desiertos.
A veces lo que parece demora es formación.
Y lo que parece pérdida es preparación. Que esta palabra te recuerde que, aun en el desierto, Dios está obrando a tu favor
