Uno de los motivos por los cuales, como iglesia, debemos ir y predicar el evangelio es simple y urgente: la gente está ciega.
La Escritura enseña que “el dios de este siglo” cegó el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo. (2 Corintios 4:3–4).
Eso significa que muchas personas no rechazan a Jesús por información, sino por oscuridad espiritual. Y por eso la iglesia no puede callar.

Quienes ya conocimos a Cristo sabemos lo que es vivir sin ver.
Antes estábamos muertos, cautivos y ciegos. Pero un día el Espíritu Santo quitó el velo: nos dio vida, nos trajo convicción de pecado y nos permitió ver a Cristo como Señor y Salvador. Por eso hoy podemos afirmar con gratitud:
- somos libres,
- podemos ver,
- y fuimos alcanzados por la luz.
Y esa misma luz es la que Dios quiere llevar a otros a través del evangelio.
Jesús nos manda a hacer discípulos y promete estar con nosotros todos los días. Esa promesa no es para unos pocos: es para toda la iglesia.
El mensaje nos recuerda nuestra identidad y propósito:
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.” (1 Pedro 2:9) No fuimos llamados solo para recibir: fuimos llamados para anunciar.
Si querés profundizar en este llamado y entender con mayor claridad qué significa extender el Reino de Dios, te invitamos a mirar y escuchar el mensaje completo.
Mirá y escuchá “Extender el Reino de Dios” en nuestro canal de YouTube aquí:
La oscuridad no se vence con silencio.
Se vence con luz. Que este mensaje renueve nuestra pasión por Cristo y nuestra compasión por los que todavía no ven. Te animamos a compartir y bendecir.
