Un mensaje sobre oración, fidelidad y el Dios que obra aun cuando parece no haber nada.
En el pasaje de 1 Reyes 18:37, el profeta Elías clama a Dios con una oración breve, directa y cargada de fe:
“Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios…”

Elías fue un hombre común, pero que escuchó una palabra extraordinaria de Dios. Obedeció, declaró al rey lo que debía decir y se mantuvo firme —y Dios lo respaldó.
Esta historia no es solo antigua: habla con fuerza a nuestro presente. Nos recuerda que el Dios de Elías sigue siendo el mismo hoy.
Cuando llegó el momento decisivo, Elías oró poco, pero oró bien. No buscó impresionar: buscó la presencia de Dios. Y el propósito divino se cumplió: que el pueblo reconociera que solo Jehová era Dios, y no los ídolos.
En tiempos donde muchas voces compiten por nuestra atención, este mensaje nos vuelve al centro: adorar al Dios verdadero y confiar en su poder.
Aunque parezca que “no hay nada”, Dios puede sorprendernos con un milagro. Este mensaje nos invita a tres actitudes claves:
- No medir nuestra fe por nuestra fuerza, sino por quién es Dios.
- No rendirnos cuando el cielo parece cerrado.
- Perseverar en la oración, aun cuando todo se ve seco y estéril.
Como la pequeña nube que apareció en el horizonte de Elías, lo que comienza siendo casi imperceptible puede transformarse en lluvia abundante cuando Dios está primero.
Si este pasaje resonó en tu corazón, te invitamos a escuchar el mensaje completo, donde el Pr. Hugo Baravalle desarrolla con profundidad cómo Dios crea algo de la nada y cómo podemos vivir esa fe en nuestra vida cotidiana.
- Dios sigue respondiendo oraciones fervientes y persistentes.
- Dios sigue levantando altares en medio de los desiertos.
- Y Dios sigue glorificándose cuando lo ponemos en primer lugar.
Que esta palabra te anime a confiar, a orar y a esperar con fe.
